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8 de Febrero de 2012
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Huerto orgánico, una alternativa que conjuga salud y respeto del hábitat

El tratamiento de los alimentos contemporáneos ha marginado sus sabores originales; los conservantes, aditivos y colorantes que se introducen en la agricultura distancian de la naturaleza lo que se siembra, al mismo tiempo que pesticidas y fertilizantes químicos utilizados en el proceso no solo dañan el medio ambiente, sino que también constituyen una amenaza sanitaria para la población del planeta.

Al mismo tiempo, las cifras presentadas por la FAO en el 2008 indican que el total de desnutridos en el mundo ya supera los 900 millones; más aún: desde el último registro realizado en el 2007 más de 40 millones de personas han sido empujadas al hambre. Por desgracia, las perspectivas son desalentadoras: el cambio climático conjugado con el alza de los precios de los alimentos y los cataclismos derivados de la crisis económica, pueden conducir todavía a más gente hacia el hambre y la pobreza.

El cultivo de alimentos de forma orgánica en las ciudades posibilita obtener los sabores y calorías originales que los aditivos químicos han suprimido, aumentar el porcentaje de alimentos cosechados para que la oferta se distribuya más equitativamente, así como evitar los peligros para la salud de una producción agrícola industrial.

Es una opción que presenta ventajas, mas no inconvenientes: por ejemplo, las emisiones de gases de efecto invernadero por el uso de insumos energéticos de la agricultura industrial suman el 13,5% del total de los gases emitidos a la atmósfera: su reducción mitigará los efectos del calentamiento global.

El cultivo de alimentos puede realizarse incluso en terrazas y balcones, en donde se puede mezclar junto a la vegetación ornamental, aunque la idealidad la representa un terreno soleado y con buen drenaje; por otro lado, las herramientas que se precisan son pocas y de escaso valor.

Otra ventaja añadida: podemos utilizar la basura orgánica (restos de alimentos, cáscaras de frutas y verduras, hojas y ramas, etc.) que cotidianamente producimos en el hogar, para elaborar abono orgánico indispensable para mejorar las cosechas de alimentos; es decir: al utilizar la basura no solo evitamos que los vertederos se colapsen, sino que también reducimos las emisiones de gases de efecto invernadero que se desprenden de estos residuos al descomponerse.

Wendell Berry, agricultor orgánico y escritor, describe los placeres de un cultivo armónico con la naturaleza: “Cómo comemos determina, en considerable medida, cómo se utiliza el mundo. Personas que conocen el huerto en el cual han crecido sus propias hortalizas y saben que el huerto es sano recordarán la belleza de las plantas que van creciendo, tal vez en la primera luz de la mañana, cubiertas de rocío, cuando los jardines lucen más hermosos. Semejante recuerdo se ntremezcla con la comida y es uno de los placeres de comer” (“Los alimentos y el medio ambiente” en Tunza, volumen 6, número 2, 2008).

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