Las focas vuelven a ser codiciadas por los cazadores

Pese a las intensas críticas realizadas por las organizaciones protectoras de animales y el incremento de la presión internacional, ha comenzado en Canadá la caza de focas de Groenlandia; más aún, este año el gobierno canadiense aumento, aunque exiguamente, la cuota de animales que se podrán capturar: en total, perecerán unas 280.000 focas.
La primera etapa de la cacería se inició en el Golfo de San Lorenzo, en las inmediaciones del archipiélago de las Magdalenas; de ahora en más, embarcaciones tripuladas por pescadores de las pequeñas comunidades de la zona matarán con armas de fuego (aunque es cotidiana la utilización de palos con puntas para finalizar la faena) a los especimenes más jóvenes.
Precisamente, tanto la longevidad de las focas exterminadas como la forma de proceder de los cazadores son los aspectos que más irritan a ecologistas y gobernantes: la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos (HSUS, por sus siglas en inglés) y el Fondo Internacional para la Protección de los Animales y su Hábitat (IFAW, también de acuerdo a sus siglas en inglés) subrayan no solo la inhumanidad de la práctica sino también los escasos beneficios que obtiene los pescadores.
Simultáneamente, la comunidad internacional expuso objeciones a la práctica: no sólo la Comisión Europea propuso impedir el ingreso de los productos obtenidos de las focas, sino que también Rusia prohibió la caza de los especimenes pequeños en su territorio tras constatar que se trata de “uno de los tipos más inhumanos de caza del mundo”, según señaló el ministro de Recursos Naturales de Rusia.
No obstante, las autoridades canadienses consideran no solo que es inexistente el sufrimiento de los animales, sino también que la práctica no merma la población de focas que habita en su territorio.
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