¿Advenimiento de una nueva era del carbón?

La inminente aprobación por parte del gobierno alemán de una normativa para reglamentar el almacenamiento del dióxido de carbono puede viabilizar el advenimiento de nuevas centrales térmicas de carbón; pese a que sus impulsores postulan una reducción significativa de la contaminación, las organizaciones ecológicas desconfían de estas proyecciones.
Desde hace un tiempo, diversas empresas energéticas trabajan en procura de desarrollar centrales térmicas de carbón, cuya emisión de dióxido de carbono tienda al infinitésimo; la solución tecnológica más desarrollada ha sido adjuntar a las centrales un sistema para el tratamiento y licuado de los gases de efecto invernadero.
Por ejemplo, la compañía Vattenfall tiene previsto invertir unos ciento cuarenta mil millones de euros en la puesta en funcionamiento de un proyecto experimental de central térmica de carbón en la región de Sajonia; en efecto, la tecnología empleada será la “Oxyfuel”: el uso de oxígeno puro para la combustión libera electricidad con elevada concentración de dióxido; posteriormente, el gas se depura, licua y almacena.
Sin embargo, las organizaciones ecologistas subrayan dos inconvenientes de las centrales térmicas CCS (siglas de “Carbon Capture and Storage”): por un lado, requieren mucha energía para su funcionamiento (en especial, por la depuración y licuación del gas), lo cual derivará en el incremento de la cantidad de carbón extraído; por otra lado, no hay soluciones convincentes con respecto al dióxido de carbono líquido, ya que de momento se desconocen las consecuencias de depositarlo bajo tierra.
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