Aportes para reducir las emisiones del transporte

La dependencia del sector del transporte de los combustibles fósiles es extrema: un 95% utiliza esa energía. Sin embargo, ahora que es innegable que las emisiones de dióxido de carbono del transporte son responsables del cambio climático y de la polución del aire en las ciudades, es imprescindible transformar nuestra forma de trasladarnos: por un lado, hay que apostar por fuentes energéticas renovables y respetuosas del medio ambiente; por el otro, transformar nuestros hábitos cotidianos.
Desafortunadamente, la respuesta frente a esta problemática es débil, ya que gobiernos y empresas han propuesto sustituir el petróleo por otros combustibles (obtención de hidrocarburos líquidos a partir del carbón, gas natural o arenas bituminosas) de significativo impacto ambiental, que además siguen dependiendo de una tecnología obsoleta para transformar la energía almacenada en el combustible en distancia recorrida.
Mientras las fuentes energéticas que se utilicen en el transporte sigan siendo nocivas para nuestros hábitats, habrá que modificar nuestras actividades cotidianas para lograr disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y así mitigar el calentamiento planetario. A continuación, algunas recomendaciones:
Siempre que puedas, evita viajar en avión (en especial, viajes cortos de menos de 500 kilómetros); el equilibrio climático exige no superar anualmente los 1,8 t CO2 emitidos por persona, teniendo en cuenta todas las necesidades (por ejemplo, un viaje en avión de Lyon a Túnez emite 0,64 t CO2).
No uses el coche para trayectos cortos (sustituir por el transporte público o las a las denominadas modalidades blandas: bicicleta y caminata).
Cuando estés parado por más de 30 segundos, apaga el motor del vehículo.
Es indispensable que compruebes la presión de los neumáticos, ya que una diferencia con la cantidad correcta, aunque sea mínima, aumenta el consumo de combustible en promedio un 5%.
Una conducción prudente y suave reduce significativamente el consumo de combustible, al evitar los frenazos (la primera y segunda marcha consumen demasiado) y las velocidades elevadas.
Cuando el coche tiene la baca incorporada aumenta la resistencia al ambiente, por lo que consume más combustible; es decir: usa el coche con baca solo cuando sea imprescindible.
No es necesario calentar el coche sin movimiento, pues el motor entra en calor más rápido mientras conduces (calentar el coche en reposo es un “mito” del transporte).
Lo que no precises, que se quede fuera del coche: descargar lo que no necesitas es otra manera de disminuir las emisiones de los gases de efecto invernadero, pues 100 kilos más de peso en el coche consumen cada 100 kilómetros un litro más de combustible.
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