Aún quedan tierras inexploradas: expedición científica al Monte Mabu

Es indudable que las técnicas satelitales han reducido nuestro planeta al permitir un conocimiento más amplio e instantáneo de lo que sucede en otros lugares; sin embargo, y aunque parezca paradójico, la reducción en oportunidades está intrínsecamente relacionada con la ampliación del planeta: en pleno siglo veintiuno es posible descubrir espacios inexplorados.
En 2005 un científico de los Jardines Botánicos de Kew, Julian Bayliss, navegaba en Internet en busca de lugares que registraran cuantiosas precipitaciones y se ubicaran por encima de los 1600 metros sobre el nivel del mar; al visualizar el Google Herat irrumpió un territorio ignoto en las montañas de de Mozambique… que ni siquiera era registrado en las cartografías: Monte Mabu
El Monte Mabu presentaba más de 80 kilómetros cuadrados de un bosque inexplorado por la ciencia (una posible causa puede ser la tormentosa guerra civil que convulsionó al país entre 1975 y 1992 y lo aisló de los procesos de interconexión planetaria que se sucedieron en el último cuarto del siglo pasado; pero, también no deja de ser cierto que durante el conflicto el bosque sirvió de refugio para algunos), lo que estimuló los preparativos de la expedición.
Científicos de diferentes nacionalidades (Reino Unido, Mozambique, Malawi, Tanzania y Suazilandia) comenzaron en octubre la expedición del Monte; debido la inaccesibilidad de Mabu debieron ser asistidos por 70 porteadores y algunos serpas nativos; la biodiversidad que allí se encontraron deslumbró incluso a los más escépticos.
De las nuevas especies registradas se destacan camaleones pigmeos, una variedad de víbora desconocida, pájaros y mariposas (solo mencionamos las nuevas especies animales especificadas, pero también la flora autóctona permitió expandir las taxonomías científicas); la biodiversidad de este medio se puede explicar por la conjunción de un ambiente inaccesible y una vegetación intensa (los árboles pueden superar los 45 metros de altura), sin embargo, fue la desnuda cima del monte la que más impresionó a los exploradores: cuantiosas mariposas se elevaban en busca del astro para atraer a las hembras.
De ahora en más, el trabajo en las instalaciones de los Jardines Botánicos de Kew con los materiales obtenidos en el Monte Mabu permitirá expandir los límites de la ciencia, tanto en las clasificaciones de flora y fauna como en la adaptación de estas especies a un medio ambiente con características singulares. Lamentablemente, solo la celeridad de su trabajo puede ser un antídoto frente al proceso agrícola expansivo que se sucede en Mozambique y amenaza la integridad del monte.
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