Peridotita, un antídoto contra el dióxido de carbono

La peridotita, una roca abundante en el desierto de Omán, reacciona ávidamente con el CO2 para formar caliza o mármol. La posibilidad de transportarla hasta las factorías energéticas para absorber sus emisiones se ha descartado por su alto coste, pero ahora se abre camino la idea contraria: llevar el CO2 hasta la roca y bombearlo a su interior. La peridotita de Omán, según los últimos cálculos, puede absorber 4.000 de los 30.000 millones anuales de toneladas de dióxido de carbono que producimos (más o menos la octava parte de lo que emiten en el mismo periodo las industrias y medios de transporte de todo el mundo).
La peridotita es la roca mayoritaria del manto, capa que subyace a la corteza terrestre a profundidades mayores de 20 kilómetros, que movimientos tectónicos han hecho aflorar en algunos lugares de la superficie terrestre (Omán, Papúa Nueva Guinea, Nueva Caledonia,las costas de Grecia y la antigua Yugoslavia).
Los cálculos de Peter Kelemen y Juerg Matter, de la Universidad de Columbia en Nueva York, descubrieron que la reacción de la peridotita con el CO2 ocurre de forma natural en el subsuelo. Con métodos simples (taladro en la roca e inyección del gas) se puede acelerar la reacción un millón de veces y convertirla en un método para almacenar CO2 atmosférico.
Una de las ventajas del proceso de inyección, afirman los científicos, es que estaría en gran parte autoalimentado. Habría que gastar energía en meter el gas a presión en el agua y en calentar ese fluido para inyectarlo por primera vez en la roca. Pero una vez arrancado, el ciclo se mantiene por dos fuentes internas de calor: el geotérmico (del subsuelo) y el derivado de la reacción de la peridotita con el CO2.
La técnica evita el traslado de la piedra hasta el gas, pero no el del gas hasta la piedra. Por el momento, el gas no viajará mucho: la primera industria emisora de dióxido de carbono que se mostró interesada en un proyecto piloto con la peridotita de Omán es Petroleum Development Oman, la compañía petrolera estatal de ese país.
¿Es entonces la peridotita una solución local? Matter postula una alternativa: “La manera más inmediata de aplicar la técnica es capturar el dióxido de carbono en las factorías energéticas por métodos convencionales, y luego transportarlo a peridotitas cercanas por tuberías de corta distancia”.
La peridotita no es la única roca que absorbe dióxido de carbono. Matter coordina otro proyecto en la planta geotérmica de Hellisheidi, en Islandia, para probar la utilidad del basalto local con ese mismo fin.
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