Ciudades contra el cambio climático

En el 2008 la humanidad se convirtió en una especie urbana: la mitad de sus 6.600 millones de habitantes residen en ciudades y metrópolis. Para el 2013 los residentes urbanos serán unos 5.000 millones. Pese a que ocupan solo el 3% del territorio planetario, consumen el 75% de energía y son responsables del 70% de las emisiones de dióxido de carbono.
De todas formas, las ciudades pueden viabilizar un desarrollo sostenible: la elevada densidad de población permite instaurar sistemas de transporte, educación, salud, vivienda, etc. más rentables y respetuosos del medio ambiente.
Si bien queda todavía mucho por hacer, hay ciudades que han obtenido sistemas más saludables de convivencia y desarrollo:
Curitiba, ciudad ubicada en la zona sur de Brasil, clausuró en 1972 la circulación de vehículos motorizados en la Rua Quinze de Novembro, destinando el espacio solo para el transito peatonal; hoy en día, sus residentes son los que emiten menos dióxido de carbono per capita en las ciudades de Brasil.
En Londres, para circular por la zona céntrica se debe abonar 16 dólares diarios que son destinados a implementar un transporte público más eficaz y eficiente; el éxito de los resultados es cotejado en las cifras: el tráfico de vehículos automotores se redujo un 21%, mientras la circulación de bicicletas se incrementó un 43% y aumentaron los pasajeros del transporte público.
París implementó un sistema de alquiler de unas 10.000 bicicletas a través de 750 puntos distribuidos por toda la urbe y lanzará un sistema de 2.000 coches eléctricos para alquilar, con el objetivo de reducir el tráfico de vehículos automotores en un 40% para la tercera década del siglo.
Barcelona fue la primera ciudad europea en contar con una ordenanza destinada a incrementar las fuentes de energía solar: en el 2000 instauró la obligatoriedad de usar energía solar para proporcionar un 60% de agua caliente en las construcciones nuevas o recicladas.
En Sydney se construye una plataforma que transformará los residuos de alimentos y otras materias orgánicas en biogás, destinado a generar electricidad en más de 3.000 viviendas; mientras que en Nairobi se introduce un sistema de letrinas que producen biogás para alimentar a viviendas y escuelas del barrio bajo de Kibera.
Al sur de Suecia, en Växjö, los residuos de los aserraderos de las cercanías son utilizados para producir calor y electricidad en los edificios de la ciudad; sumado a otras medidas ha reducido las emisiones per capita de la ciudad a menos de 3,5 toneladas anuales, mientras que la media Europea es de 10 toneladas.
Aún resta mucho, pero estas iniciativas activan modificaciones en todas las partes del planeta.
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