Adiós al sueño del coche propio

Una investigación del instituto Interface ( Instituto de Ciencias Políticas) de Lucerna, Suiza, muestra que en la actualidad el número de las personas que renuncian voluntariamente al vehículo automotor se incrementó considerablemente: si en 1994 era un 13%, ahora el porcentaje se eleva a un 30%.
Es decir: unos 300.000 suizos prefieren desplazarse a través de medios de transporte que no produzcan tantos daños a la naturaleza: en 2004 las emisiones de efecto invernadero provenientes del transporte automotor se estimaban en 5.090 Mt dióxido de carbono (un quinto de las emisiones globales).
Si antes eran razones económicas las que limitaban la adquisición de un coche, en la contemporaneidad se trata de factores ideológicos: desplazarse a través de las modalidades blandas (bicicletas y a pie) o en la red de transportes públicos es una elección sobre qué planeta preferimos habitar (no podemos obviar que la modalidad de transporte que se practica en Occidente es insustentable).
El número de personas que prescinden de los coches es más elevado en las ciudades que en las zonas rurales. Dentro de las primeras, es Basilea donde se encuentra el contingente más amplio de individuos que utilizan otros medios de transporte: alrededor de la mitad de los hogares prescinden del transporte automotor propio.
A pesar de no poseer sistemas de transporte público tan eficientes como el de Basilea, tanto en Lausana como en Ginebra se incrementan cotidianamente las personas que se deshacen de sus vehículos de cuatro ruedas.
No obstante, no poseer un vehículo propio no significa que no se los utilice: al mismo tiempo que desciende el número de propietarios, se incrementa el uso de los coches compartidos (“Car Sharing”). Este nuevo concepto consiste en la posibilidad de alquilar un vehículo cuando se lo precise y abonar solo por el uso dado.
Por ejemplo, las cifras de la empresa de alquiler de coches Mobility registraron un incremento de un 22%, siendo más de 80.000 personas las que utilizaron los coches de la empresa. Sin lugar a dudas, el siglo XX fue del automóvil; ¿irrumpirá en el siglo XXI un transporte que respete a la naturaleza?
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