Cabo Polonio, un lugar a preservar

En Uruguay, la creación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) propone delimitar un conjunto de áreas continentales, insulares y marinas, dedicadas a la protección y mantenimiento tanto de la diversidad autóctona como de los valores culturales ligados. El SNAP permite conciliar protección del medio ambiente y desarrollo sustentable.
Uno de los territorios que está en proceso de incorporarse al SNAP es el Cabo Polonio; esta antigua isla de origen granítico fusionada al continente por un cordón arenoso, habitada por unas setenta personas, aunque en la temporada estival se incrementa exponencialmente tanto el número de residentes como de visitantes, dedicadas, en su mayoría, a la pesca artesanal, posee una biodiversidad singular.
Su variedad de ambientes (playas arenosas, litoral rocoso, dunas, monte nativo, pequeños humedales, islas y áreas marinas) proporcionan el hábitat de numerosas especies de animales: mamíferos marinos (ballenas, delfines, leones marinos y lobos finos), aves migratorias (chorlos, albatros, petreles, playeros) y más de cuarenta y siete especies de peces (tiburón gatuso, corvinas, brótalas, etc.).
Puede que el Cabo se haya distanciado del proceso de urbanización explosivo que desde hace más de tres décadas se verifica en el litoral atlántico uruguayo, debido a las dificultades que existen para acceder a él: los vehículos particulares no pueden penetrar la barrera natural de dunas.
De todas formas, no se puede omitir que en los noventa las autoridades competentes destruyeron muchas construcciones irregulares; por lo tanto, sería un grave error desconocer la polución de viviendas que poblaron el Cabo produciendo trastornos en el medio ambiente.
En la actualidad, el acceso es a través de los transportes todoterreno (dinosaurios que debieron de participar en ejercicios militares) de las empresas autorizadas, que desde la ruta Diez recorren el único camino habilitado por entre dunas y pinares.
Sin embargo, existen opciones de llegar al Cabo distintas de los vehículos motorizados: carros tirados por caballos o piernas humanas pueden realizar el trayecto desde la ruta Diez, o partir desde Valizas (ubicada a orillas de la desembocadura del arroyo homónimo en el litoral océanico) transitando un sendero entre las dunas móviles y el salvaje océano, lo que permite contemplar paisajes de una armonía singular.
Uno ecosistema en inminente peligro debe de aunar los esfuerzos de los poderes estatales y la sociedad civil, para que aún sea un placer perderse entre las dunas y el mar.
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