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8 de Febrero de 2012
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La Amazonia a merced del mercado


La magnitud de la mayor selva tropical del mundo y el accionar criminal humano, viabilizaron las comparaciones entre las dimensiones de las zonas taladas con las superficies de distintos países: desde 1970, un área de selva tropical mayor que la suma de España y Portugal ha sido destruida; en el peor año de la deforestación, 1995, un área equivalente a Bélgica sucumbió a las motosierras y las llamas. Si bien las cifras sobre la tasa de deforestación revelan una disminución en los últimos años, los datos obtenidos en el 2008 son inquietantes: ¿ha vuelto a aumentar el volumen de selva destruida anualmente?

Ahora bien, el modus operandi de la reciente deforestación posee características singulares: primero un área de selva tropical se tala para extraer su valiosa madera, luego se quema y se crean pastos para el ganado vacuno, y cuando el suelo queda exhausto, se plantan cultivos como la soja.

Es indudable que el número de cabezas de ganado vacuno ha aumentado drásticamente en los últimos años; la oficina brasileña de Amigos de la Tierra publicó un informe, Ganado vacuno: una nueva fase de la colonización ganadera de la Amazonia, en el que revela que el número de cabezas en la Amazonia llegó a 74 millones en 2007; es decir: creció un 46 % en apenas tres años (este es uno de los factores que convirtieron a Brasil en el segundo mayor productor y principal exportador de carne de ternera).

A resaltar: el vertiginoso incremento de la ganadería en la región amazónica no fue correlativo en las otras regiones del país; es más, se puede observar un desplazamiento del rebaño debido al incremento de otras actividades agrícolas en el sur y el sudeste del país. Por lo tanto, no es muy desacertado establecer una relación indirecta entre el auge de los biocombustibles y la deforestación: los pastos para el ganado han sido sustituidos por cultivos de caña de azúcar (materia prima del etanol) en muchos territorios del centro y sur del país.

No hay que realizar dificultosas ecuaciones para verificar las considerables consecuencias de este progreso: la explosión ganadera en la región Amazónica durante la última década fue responsable de un volumen de emisión de gases de efecto invernadero de entre 9 y 12 miles de millones de toneladas de CO2 equivalente (incluyendo cambios del uso del suelo y digestión del ganado, pero sin considerar el procesado y el transporte).

David Sánchez, responsable de agricultura de Amigos de la Tierra, afirmó: “La conservación de estos espacios naturales depende en gran medida de la evolución de los mercados internacionales y los precios de las materias primas. Un aumento de los precios de la soja o el maíz al destinarse a agrocombustibles o el aumento del consumo de carne importada en nuestro país juegan un importante papel en la deforestación de la selva amazónica”. Si las organismos multilaterales, las organizaciones sociales y los gobiernos no se comprometen a terminar con este flagelo, el futuro de este magnífico ecosistema estará en la “mano invisible” del mercado.

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