Nueva norma europea sobre el uso de los plaguicidas

El Parlamento Europeo aprobó una normativa que limita el empleo de los pesticidas, pese a la tenaz oposición de las industrias químicas (que temen la caída de sus beneficios) y de los agricultores (que temen la caída de su productividad y el incremento de su vulnerabilidad frente a los cultivos provenientes de zonas con escasos controles medioambientales).
La norma establecida por el pleno del Parlamento Europeo implica la puesta en funcionamiento de instrucciones rígidas tanto para autorizar la producción de plaguicidas, como para su utilización. Ahora solo resta la ratificación (un simple tramite) por el Consejo de Ministros de Agricultura de la Unión Europea para que la normativa entre en vigor. Después, los gobiernos nacionales tendrán hasta el 2011 para instrumentarla en sus territorios.
La nueva reglamentación se puede descomponer en dos áreas: por un lado, prohíbe la utilización de los plaguicidas en las proximidades de zonas frágiles (sea tanto por la biodiversidad de los recursos naturales, como por el establecimiento o concurrencia de seres humanos —parques, ríos, escuelas, hospitales, etc.); por el otro, impide que en su producción se utilicen sustancias químicas factibles de toxicidad.
Una breve descripción de estas dos áreas permite visualizar la importancia de esta regulación. En primer lugar, la reglamentación prohíbe el uso de sustancias que pueden ocasionar trastornos (sustancias cancerígenas, que afecten la reproducción, etc.), como también eleva las exigencias para los materiales neurotóxicos o inmunotóxicos y excluye aquellos que dañan a las abejas.
Por otra parte, y quizás uno de los aspectos más significativos de la norma, se establece la prohibición de las pulverizaciones aéreas (excepto algunas situaciones), así como de la utilización de estos materiales en las proximidades de lugares públicos (dígase: parques, hospitales, escuelas, etc.).
Al mismo tiempo, el Parlamento les exige a los países miembros que instauren mecanismos para minimizar los riesgos del uso de estos productos (es prioritario establecer dispositivos para proteger ríos, arroyos, lagos y canales, como también las zonas limítrofes a las vías de comunicación —carreteras y vías férreas—) y el desarrollo de sistemas alternativos para combatir a las plagas.
Otro aspecto que plasma la nueva normativa europea es la obligación para los usuarios de los plaguicidas de informar a las poblaciones vecinas sobre las actuaciones a realizar (lugar y sustancia empleada para proteger los cultivos).
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