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8 de Febrero de 2012
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Preservar el agua, un bien único

Cada ser humano precisa diariamente de 20 a 50 litros de agua libre de contaminantes tóxicos para satisfacer sus necesidades básicas; el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) exige que se reconozca como derecho de todo ser humano el disponer de 20 litros diarios de agua potable.

Sin embargo, en los gastos de los gobiernos no es prioritaria el agua: la mayoría de los Estados le dedican menos del 1% de su PBI (ejemplo paradigmáticamente absurdo: el gobierno de Pakistán tiene un presupuesto militar 50 veces mayor que el destinado al abastecimiento de agua y saneamiento).

Aproximadamente 1.000 millones de personas no tienen acceso al agua potable, mientras unas 2.400 millones carecen de servicios de saneamiento. No es de extrañar que cada año mueran casi 2 millones de niños por enfermedades favorecidas por la carencia de estos servicios esenciales para la supervivencia (el lugar de nacimiento profetiza nuestras perspectivas de vida).

Por eso, las desigualdades en las tasas de mortalidad infantil son tan abismales entre regiones. En zonas en que el abastecimiento de agua es deficiente o el sistema de saneamiento obsoleto, la mortalidad infantil es hasta veinte veces mayor que en las regiones en que estos servicios son adecuados.

El acceso a las redes de saneamiento varía considerablemente en todo el planeta: la región con menos cobertura es África, en donde solo el 18% de la población tiene acceso al alcantarillado; mientras en América del Norte el servicio alcanza a un 96% de la población.

Por otro lado, en los países en vías de desarrollo, el vertido del 70% de los desechos industriales sin tratamiento previo contaminan las reservas de agua potable. Aunque el  agua siempre se recicla (es decir, en la actualidad hay tanta agua en el planeta como en el momento de la creación), la contaminación de las fuentes así como el mal uso del recurso no auguran buenas perspectivas.

Los abismos entre consumos de agua son extremos de acuerdo a la región del planeta: por ejemplo, los niños que habitan en los países industrializados consumen hasta 50 veces más aguas que los que habitan en los países en vías de desarrollo.

La agricultura es la actividad que consume más agua: absorbe el 80%, frente al 12% que consume la industria y el 8% que se destina al consumo público (aunque parezca desorbitado, un kilo de trigo exige unos 1.500 litros de agua). Además, el avance intensivo de la agricultura produce la disminución de las napas freáticas y el secado de ríos y arroyos.

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