Una luz contra el cambio climático

Los países de la Unión Europea han aprobado la retirada gradual de las bombillas incandescentes de más de 100 vatios de potencia a partir de 2009 hasta su desaparición total en 2012, tal como había propuesto la Comisión Europea (CE).
Las bombillas incandescentes, las tradicionales de filamento, son uno de los métodos de iluminación energéticamente menos eficiente. Si bien su precio es muy económico, consumen mucha energía y son responsables de gran cantidad de emisiones de CO2.
El Ejecutivo comunitario calcula que el cambio hacia dispositivos de iluminación eficientes supondrá un ahorro de casi 40 teravatios hora (equivalente al consumo de Rumania) y un recorte de las emisiones de dióxido de carbono de quince millones de toneladas; en términos económicos, la sustitución supondrá al año un ahorro de entre 5.000 y 10.000 millones de euros en toda la Unión.
Según las organizaciones ecologistas, el consumo de bombillas incandescentes es de tres a cinco veces superior al de las eficientes. Su sustitución contribuirá a la reducción del consumo de energía en iluminación en un 60%, lo que equivale a unos 30 millones de toneladas de dióxido de carbono al año.
El comité de expertos de países de la UE ha tenido en cuenta tanto las expectativas y salud del consumidor, como la implementación de una transición gradual para dar tiempo de adaptación a los fabricantes.
Los consumidores aún tendrán la posibilidad de elegir entre bombillas fluorescentes compactas de larga duración (posibilitan un ahorro del 75%) o halógenas estándar (convencionales o con gas de xenón), que son equivalentes a las incandescentes en la calidad de iluminación, pero suponen solo un ahorro de entre 25 y 50%.
No obstante, estas alternativas presentan sus inconvenientes: si bien las bombillas fluorescentes son un 75% más eficientes que las incandescentes y duran más tiempo, contienen mercurio (un tóxico muy peligroso para la salud y el medio ambiente); mientras tanto, las lámparas halógenas suponen escaso ahorro de energía con respecto a las incandescentes.
Aunque la ley europea impone la recolección selectiva de estas lámparas fluorescentes, las organizaciones ecologistas consideran indispensable tomar medidas adicionales para minimizar los riesgos: el incremento de su uso puede provocar el colapso del sistema de reciclaje.
Incrementar los canales de comunicación entre autoridades, fabricantes y ciudadanos, así como fomentar la investigación en tecnologías de iluminación, es el sendero menos riesgoso para fomentar el ahorro energético y reducir las emisiones de dióxido de carbono.
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